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Radiografías, qué debemos saber

Las radiografías son instrumentos de diagnóstico que son siempre pautadas por un profesional cuando son necesarias.

En ocasiones necesito solicitar una radiografía pero le surgen dudas al paciente sobre si es seguro o no realizarla, por lo que siempre trato de explicar lo que supone la exposición a la radiación y si la prueba me parece imprescindible para un mejor diagnóstico o tratamiento.

Para explicarlo un poco más, le he pedido a una profesional de la Protección Radiológica, Arancha García, que responda a algunas de las cuestiones que más se plantean en la consulta.

¿Son seguras las radiografías?

Quisiera comenzar describiendo qué es una radiografía.

Las radiografías son pruebas de diagnóstico por imagen en las que se recibe radiación ionizante (a partir de ahora me referiré a ella como radiación, simplemente) que procede de un equipo de rayos X. Estos equipos sólo emiten radiación cuando el personal que los maneja acciona los controles, así que mientras están apagadas, en standby o mientras nos preparan para hacer la prueba, el equipo no emite radiación.

Cuando se acciona el equipo de RX, éste emite radiación (energía no visible a nuestros ojos) que atraviesa la parte de nuestro cuerpo cuya estructura interna se necesita observar. Según haya tejidos blandos, dientes, estructuras óseas, etc, la radiación llega al otro lado de manera desigual. 

Analogía de un teatro de sombras y una radiografía.

La radiación que ya nos ha atravesado es la que, en una placa fotográfica o en una pantalla digital, muestra la “huella” de la estructura interna que se necesita conocer. Las radiografías pueden ser instantáneas (como cuando nos toman una fotografía), o pueden ser panorámicas y durar un rato (como cuando nos hacen un vídeo, para entendernos). 

Aquí podéis ver algunos modelos de equipos de RX:

Y aquí algunos tipos de radiografías dentales:

Os he contado una aplicación beneficiosa de la radiación pero ¿puede una radiografía necesaria hacernos daño?

La radiación tiene la capacidad de dañar nuestras células. La probabilidad de que nuestras células se vean afectadas depende de la cantidad de radiación que reciban. Cuanta más radiación recibimos, más posible es que nuestras células puedan ser dañadas. 

Por este motivo, los profesionales que prescriben radiografías deben valorar cuidadosamente si una o varias radiografías son la mejor prueba diagnóstica para valorar a un/a paciente. Han de valorar su coste/beneficio desde varios puntos de vista: económico, dosimétrico, etc.

La cantidad de radiación que recibimos se denomina dosis y se mide en SIEVERTS (Sv). Pero ¡ojo!, 1 Sv es una cantidad de radiación MUY ALTA. Normalmente veremos las dosis radiactivas expresadas en mSv (miliSievert) o μSv (microSIevert).

1 mSv, miliSiervert, es 1000 veces menor que 1 Sv

1 μSv, microSiervert es un millón de veces menor a 1 Sv

Como puede verse en este documento de la Comisión Europea, las radiografías más habituales en las consultas de odontología suponen dosis de radiación muy bajas

Rangos de dosis que suponen algunas radiografías dentales

Para poder hacernos a la idea de cómo de bajas son esas dosis que nos muestra el cuadro, es útil saber que en la naturaleza hay elementos que son radiactivos de manera natural. Forman parte de la corteza terrestre, de los materiales de construcción, de los seres vivos. ¡Las personas somos radiactivas! 

De media, las personas recibimos 2,4 mSv cada año por exposición a estas fuentes de radiación naturales. 

Sabiendo eso, podemos calcular que una radiografía panorámica (considerando las mayores dosis de la tabla anterior) supone la misma radiación que recibimos en menos de 5 días de vida normal. Una intraoral, supone la misma dosis de radiación que se recibe de media por persona en menos de 2 días ¡sin salir de la cama!

¡OJO! Que los valores de dosis de estas pruebas sean bajas no implica que no hayan de ser absolutamente necesarias: el buen criterio médico es fundamental en estas circunstancias, y los profesionales deben conocer las últimas recomendaciones para el diagnóstico con estas técnicas.

¿Y para una mujer embarazada?

La radiación ionizante no afecta a todos los órganos por igual. Algunos son más radiosensibles que otros. De la misma manera, no afecta a todas las personas por igual: cuanto más mayores nos hacemos, nuestras células se dividen menos, por lo que el posible daño que la radiación pudiera hacerlas, no se propaga tan fácilmente como cuando estábamos en la infancia. 

Cuando una persona está embarazada, el embrión o feto está en constante y rapidísima multiplicación celular: una alteración en sus células, de producirse, se podría propagar con más facilidad: es un momento de máxima radiosensibilidad. Sin embargo, las radiografías que se realizan en las consultas odontológicas siguen suponiendo una bajísima dosis para los y las pacientes y además están dirigidas lejos del vientre, por lo que la radiación residual que pudiera alcanzar al embrión o feto es mínima. 

En general con las pacientes embarazadas se tiende a seguir criterios más conservadores con muchos tratamientos y pruebas, por el temor a dañar al embrión o feto. Evidentemente, es necesaria una valoración especial, y valorar muy bien las alternativas pero ¡también en el caso de no estar gestando!. Desde luego nunca se debería retrasar o cancelar un tratamiento importante para la salud por temer exponer a una mujer embarazada a una radiografía dental.

¿Alguna consideración especial para los niños?

Como explicaba en el caso de las pacientes embarazadas, la infancia es más radiosensible que las personas adultas. Además en la infancia suelen realizarse muchas radiografías con el paso de los años, por lo que hay que tener en cuenta la historia de cada paciente pediátrico.

Un problema que a veces enfrentamos ante las radiografías con criaturas es la dificultad que tenemos para que permanezcan lo más inmóviles posible. Por este motivo a veces necesitan que sus acompañantes entremos con ellos en la sala de RX. A veces dar la mano y decir cuatro palabras consiguen que el o la peque estén quietos y la radiografía salga perfecta a la primera, evitando tener que repetirla, con la consecuente dosis repetida que suponen. Como acompañantes normalmente estamos fuera del haz de radiación y nos alcanza parte de la radiación dispersa, por lo que las dosis que podemos llegar a recibir son muy muy bajas.

Pequeño paciente preparado para realizar una ortopantomografía.

En odontología se utilizan distintos tipos de radiografías, pariapicales, radiografía panorámica y la teleradiografía lateral de cráneo son las más comunes, pero también hay otras pruebas como el TAC que empleamos cuando se necesita un diagnóstico preciso con imágenes en 3 dimensiones como en el caso de la planificación de implantes dentales,

¿Es distinta la radiación de las radiografías al TAC?

No, la radiación de los equipo tipo TAC es la misma radiación que emiten los equipos de RX convencionales. La diferencia entre las técnicas radica en que para tomar un TAC se hacen “disparos”  consecutivos para tener una imagen en 3 dimensiones. Es como si nos hicieran varias radiografías desde distintos ángulos a nuestro alrededor, para conseguir una imagen que no sea plana. Esto supone que la dosis de radiación que reciben los pacientes es mayor. De nuevo el criterio médico aquí es clave: cuanta más radiación recibe un paciente más justificada debe de estar la prescripción de la prueba

¿Alguna enfermedad o tratamiento al que esté sometido algún paciente contraindica realizar radiografías?

En general ninguna enfermedad ni tratamiento contraindica la realización de radiografías. Sin embargo, es importante: 

  • Evitar hacer radiografías de más (por ejemplo, si la/el paciente tiene radiografías de otra clínica puede ser más interesante rescatar la historia clínica para ver si la información que aportan es suficiente), 
  • Valorar bien qué tipo de radiografía es necesaria, 
  • Evitar que haya objetos que puedan dispersar la radiación (por eso nos piden que nos quitemos los pendientes, los relojes, etc) y que no se vea mermada la calidad de la radiografía.

¿Tenemos que colocar delantales plomados a los pacientes?

De cuando en cuando circulan mensajes en los que se nos indica que siempre que nos hagamos cualquier radiografía nos tienen que ofrecer delantales, collarines, u otros protectores plomados. En ocasiones puede que alguno de estos objetos pueda ser de utilidad, sobre todo para proteger a los profesionales (o acompañantes) que estén en la sala, si su presencia es necesaria. Estas personas se exponen a la radiación en su entorno de trabajo: no se les está haciendo una prueba que redunde en su beneficio, como sí se le hace a los pacientes, y debe minimizarse la cantidad de radiación que les llega. 

Si estos protectores de plomo estuvieran demasiado cerca del haz de radiación (el flujo de radiación que sale del equipo y llega al cuerpo del paciente) podrían hacer que esa radiación se dispersase de manera innecesaria y la calidad de la imagen bajara. En esos casos habría que repetir la radiografía, o accionar el equipo de RX con más intensidad (y por tanto, más dosis al paciente). Este es el motivo de que en general NO se deba poner ningún protector de plomo en los pacientes. Si la imagen es peor y hay que repetirla o endurecerla ¿qué beneficio supone ese protector?

Aquí tenéis también información al respecto de la Sociedad Española de Protección Radiológica y de la Asociación Americana de Física Médica al respecto.

¿Estar en la sala de espera es seguro? ¿Cómo se controla la radiación en las clínicas dentales?


Si, las salas de espera son seguras. Cuando una clínica quiere instalar un equipo de rayos X debe gestionar una serie de permisos que garantizan que la radiación de los equipos no llega a las salas contiguas, incluso a los pisos superiores e inferiores para que el público y las personas trabajadoras no reciban radiación por encima de los límites legales.

Para más información: https://rpop.iaea.org/RPOP/RPoP/Content-es/InformationFor/Patients/patient-information-x-rays/index.htm

Los profesionales somos quienes solicitamos esta prueba diagnóstica pero es cada paciente quien tiene el derecho a decidir si se la realiza o no siempre con información veraz para poder tomar una decisión bien informada.

Para los profesionales el no poder disponer de una radiografía que a nuestro juicio sea necesaria puede suponer que no podamos hacer un diagnóstico de certeza de manera completa o que tengamos que adaptar el tratamiento a las circunstancias elegidas por el paciente siempre que puede realizarse en ausencia de esta herramienta.

Carolina Jiménez Yuste, Odontóloga.

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